Pasos que cuentan

Por Juan Andrés Camacho Fernández Concejal en el Ayuntamiento de Fuengirola PSOE

Una carrera es como la vida misma.

Comenzamos emocionados, con ilusión, deseosos de conocer lo que tenemos por delante, con la fuerza y el entusiasmo eléctrico de los infantes.

El paso de los kilómetros nos hace madurar; el ritmo se asienta, los pasos se acortan y la perspectiva comienza a cambiar.

Llega un momento en el que aparece el sufrimiento, parece que no podemos más y cada paso se convierte en una negociación con nuestro yo interior, una batalla entre la mente, que quiere continuar, y el cuerpo, que lucha por detenerse y descansar.

Y, por alguna extraña razón, ante la promesa de la línea de meta, cuando apenas quedan kilómetros, la fuerza y la ilusión, que parecían haber quedado atrás hace ya mucho, resurgen desde nuestro interior y nos empujan hacia la meta.

Quizá por eso correr también enseña a entender el tiempo y la perspectiva.

Vivimos en un momento de inmediatez, en el que todo es urgente y queremos llegar a la meta antes de tomar la salida misma.

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Al principio uno corre mirando al suelo, pendiente de cada paso, pero con el tiempo coges confianza y comienzas a levantar la vista.

Y el mundo se abre. Ya no es solo la calle o el camino que recorres; se amplía al paisaje entero por el que avanzas.

Algo similar pasa con nuestro municipio.

Podemos creer que solo es una ciudad, pero Fuengirola es mucho más: es la historia de quien madruga para abrir su negocio, de la familia que lleva toda la vida en el barrio y de la que acaba de llegar y busca echar raíces, de los empresarios y de los que sueñan con un empleo.

Es una suma de historias, de esfuerzos y de circunstancias diferentes que conviven en un mismo lugar.

Y aquí aparece otra enseñanza de las carreras de larga distancia.

Mucho se habla de la soledad del corredor de fondo y es verdad que se pasan muchas horas a solas en el asfalto, acompañado solo del sonido de tus pasos y tus latidos.

Aunque nadie corre realmente solo.

Siempre hay alguien que te apoya, que te acompaña, que te alimenta o que te cuida.

Del mismo modo que en una sociedad, por muy individualizada que nos la pinten, existe una interconexión de relaciones: padres y madres, profesorado, personal sanitario, entrenadores, policías, asociaciones, familias, compañeros y tantas otras personas que forman parte de nuestra vida cotidiana.

Detrás de cada logro personal siempre hay una red de personas e instituciones que lo hicieron posible.

Creo firmemente que una sociedad no mide su salud por lo que consiguen aquellos que más oportunidades tienen, sino por lo que es capaz de lograr para aquellos que parten con menos.

Y esto es posible gracias a una educación pública, unos servicios sociales que no dejen a nadie atrás, un deporte y una cultura accesibles para todos y unos espacios pensados para la vida en común.

Un polideportivo no es solo un edificio: es donde un niño descubre que le gusta el baloncesto y donde unos vecinos que no se conocían acaban siendo amigos. Un centro cultural no es solo una sala: es donde se cuenta la memoria de un pueblo y se imagina su futuro. Una asociación de vecinos no es solo un grupo de personas: es, muchas veces, quien primero detecta lo que a la Administración le cuesta ver.

Todo eso es tejido social.

Y el tejido social, como cualquier tejido, se cuida hilo a hilo, con constancia, no con parches ni con anuncios.

Quizá por eso creo que el papel de quienes tenemos alguna responsabilidad pública no es solo resolver lo urgente, sino sostener lo importante: lo que no siempre se nota de inmediato, pero que sostiene la vida de un municipio a largo plazo.

De vez en cuando conviene detenerse, levantar la vista y mirar más allá del propio ritmo.

Escuchar a quien piensa distinto.

Entender realidades que no son las nuestras.

Y preguntarnos, desde el lugar que cada uno ocupa, qué podemos aportar para que Fuengirola avance como lo que realmente es: una comunidad, no una suma de trayectorias individuales.

Porque avanzar de verdad no es solo llegar más lejos.

Es conseguir que, mientras avanzamos, no se quede nadie atrás.

Paso a paso.